Emily in Paris: un baño de vanidad

Emily en París es ese tipo de serie que te pones de fondo mientras haces cualquier otra cosa que sí requiera de tu capacidad neuronal. Es, básicamente, una serie de secuencias a todo color donde la protagonista hace cosas; Emily compra pan, Emily va de tiendas, Emily se hace selfies y Emily "trabaja" (nótense las comillas del tamaño de la Torre Eiffel).

La escasa trama que hay va sobre una chica americana que se muda a vivir a París por una oportunidad de trabajo, sin saber ni dos palabras de francés. Ella literalmente vive en su delirio imaginario de película francesa de los años 80, cumpliendo con todos los clichés; monta en Vespa, compra bagettes, toma café con croissants en cafeterías cucas del centro y sobre todo, no tiene miedo a combinar colores y patrones que no pegan nada.


Cosas que chocan: 

  • Éxito instantáneo: Emily viene dispuesta a comerse el mundo. Se abre un Instagram y, por obra de magia (o de su "cara bonita"), consigue millones de seguidores y cierra campañas de marketing de lujo en dos días. 

  • Barreras lingüísticas inexistentes: A pesar de no hablar nada de francés, todos a su al rededor, en cambio, hablan un perfecto inglés para comunicarse con ella.

  • Suerte por las nubes: Esta chica tiene una flor en el culo. Todo le sale bien sin apenas despeinarse; es invitada a eventos chulísimos de grandes marcas y al parecer está forrada a juzgar por los modelos y complementos que lleva siempre puestos.

  • Personajes demasiado perfectos: todos los personajes parecen salidos de una pasarela de moda. Tanto por cómo visten (solo se ven marcas de lujo sobre esos cuerpos) como lo esbeltos, delgados, guapos y bien peinados que van.

  • El trabajo como pasatiempo: Esta chica no trabaja, solo da paseos, luce modelitos y conoce a chicos guapísimos. Entra y sale de la agencia de marketing a placer, pareciese que fuera ella la dueña de la empresa.


Lo único que mantiene a Emily con los pies en la tierra es su jefa francesa Sylvie, que es su único recordatorio de que la realidad existe. Aunque al principio parece la típica jefa dura, pronto se ablandará al darse cuenta de lo geniales que son las ocurrencias de Emily.

En esta línea merece especial mención también su amiga Mindy, la cual le pone un poco de humor y chispa a esta trama.


Esta serie representa el sueño americano pero del revés; una chica average americana, que ni siquiera se esfuerza en aprender el idioma del país en el que va a vivir, llega a la vieja Europa con sus novedosas ideas y estrategias de marketing de Estados Unidos a darnos una lección de cómo hacer las cosas. Y es que a ella no hay CEO ni corporación que se le resista, por grande que sea. 


Y en esta línea va la trama sucesivanmente en todas las temporadas, con algún matiz (como por ejemplo la última temporada es en Roma en vez de París) pero el core siempre es el mismo.

Si buscas moda excéntrica, no te asusta mezclar patrones de rayas y cuadros, quieres ver paisajes de postal y amoríos de manual sin complicaciones, dale al play. Si buscas realismo, mejor sigue buscando.




Comentarios