La Sustancia: obsesión por la eterna juventud
Hoy abro un melón que ya tenía ganas de abir. Tras meses de hype , de escuchar este título por todos lados, de nominaciones y premios por doquier, he decidido brindar mi valioso tiempo a esta pieza. Cuando creía que Hollywood ya había tocado fondo en su obsesión por la juventud eterna (entre otras excentricidades), llega Coralie Fargeat para recordarnos que siempre se puede cavar un poco más hondo. La Sustancia no es solo una película; es un grito sordo de dos horas y veinte minutos que intenta sentar cátedra sobre los estándares de belleza, pero termina convirtiéndose en aquello que critica: un producto visualmente deslumbrante, pero vacío y desesperado por la validación del gran público. Lo más sangriento de La Sustancia no es el gore, sino la realidad social que intenta retratar y en la que fracasa por exceso. Desde que tenemos uso de razón, a las mujeres se nos inocula un veneno silencioso: el miedo a dejar de ser decorativas. Se nos exige ser jóvenes, estar perpe...