Eduardo Manostijeras: Amar sin tacto
El otro día me sentía nostálgica y me apeteció volver a ver Eduardo Manostijeras (1990) de Tim Burton. Tenía un borroso recuerdo de un par de escenas grabadas a fuego en mi mente. Parece ser que había visto parte de la película cuando era pequeña en la tele, pero no conseguía hilar todo el argumento. Lo único que recordaba es que en su momento me dio miedo, y no es para menos, es una película inquietante, en la línea de lo que Tim Burton nos tiene acostumbrados. Sin embargo, redescubrirla con ojos de adulta ha sido una experiencia radicalmente distinta. Aquellas imágenes inconexas que habitaban en mi memoria —la nieve cayendo del cielo mientras una muchacha baila, y los dedos afilados y metálicos esculpiendo setos con una destreza casi mágica— por fin han cobrado un sentido completo. Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, en su título original) no es solo un cuento de hadas gótico; es una radiografía dolorosa de la condición humana, del miedo a lo diferente y de la cruel hipocresía...