Michael: Todos los secretos del Rey del Pop (y el precio de su corona)
Todos estamos de
acuerdo en que Michael Jackson fue, es y será el absoluto Rey del Pop. Nunca
antes hubo nadie como él y nunca lo habrá, por más que la industria intente
clonarlo con imitadores de Las Vegas. Tras décadas de titulares
sensacionalistas y documentales que juzgan y diseccionan cada centímetro de su
vida, llega Michael, el biopic de Antoine Fuqua.
Lo primero que
hay que decir, es que la película es visualmente brutal. No es solo un
despliegue de luces; es una autopsia emocional que nos obliga a mirar a los
ojos a un hombre al que el mundo insistió en tratar como un paria, un loco o un
alienígena, olvidando que antes de ser un icono, fue un niño roto.
Empecemos por el protagonista: Jaafar Jackson. Lo que hace el mismísimo sobrino de Michael no es una interpretación; es una impersonación. Jaafar, el cual no había sido actor antes, ha pasado dos años de ensayos brutales, puliendo cada gesto, cada hiccup vocal y esa forma tan específica de bailar. Se nota que lo lleva en la sangre, pero sobre todo se nota el trabajo hercúleo que hay detrás. Hay un respeto sagrado en su forma de moverse que solo alguien de la estirpe Jackson podría haber logrado. Verlo en pantalla no es solo ver un papelón; es ver la culminación de un entrenamiento que parece haberle exigido dejar su propia identidad en la puerta del set.
Cuando sale a
escena, Jaafar nos recuerda la sonrisa arrebatadora, el carisma y la inocencia que Michael plasmaba y que tenía un don que parecía no costarle
trabajo; no bailaba, flotaba. Es el más grande de todos los tiempos y la
película le hace justicia técnica a esa magia.
También debemos hacer mención especial al actor Juliano Valdi el cual interpreta al Michael niño, quien consigue retratar a ese Michael más pequeño (que no podía parar de mover sus pies) de su época temprana en los Jackson 5. Hay una escena que se me quedó grabada de esta parte, en la cual el productor Berry Gordi ejerce más de padre que el propio padre de Michael. Berry se toma el tiempo para pacientemente explicarle a Michael cómo funcionan los botones de la mesa de mezclas pero llega el padre y se lo lleva porque cree que eso son tonterías.
No puedo no mencionar que tanto las voces de Juliano como la de Jaafar aparecen mezcladas con la de Michael en la película dandole un toque más especial si cabe a esta película-tributo.
Siendo realistas,
y como es propio de Hollywood, la película edulcora ciertos tramos, pero
retrata con una acidez necesaria el ambiente tóxico de esa familia negra de
bajos recursos en la América industrial. La dinámica entre un padre abusador
como Joe Jackson y una madre fría como Katherine son el motor de la tragedia.
Es aterrador ver
cómo Michael empezó a trabajar a los cinco años. Mientras otros niños
descubrían el sabor del barro y las chuches, él descubría el dolor de los
latigazos de un cinturón de cuero sobre su espalda si se le ocurría desafinar
una nota. Para Joe, la violencia sistemática era un método de trabajo; veía a
sus hijos como la fuente de ingresos que le sacaría de pobre y le permitiría no volver jamás a trabajar en la
fábrica. En esa casa no había descanso, ni Navidades, ni cumpleaños, ni
vacaciones en la playa, tristemente para todos los hermanos.
La película no
esquiva uno de los puntos más dolorosos de su metamorfosis física: las
cirugías. Resulta desgarrador entender que Michael empezó a operarse la nariz
no por un capricho estético, sino por pura supervivencia psicológica. Su padre
solía humillarlo llamándolo "narizotas" constantemente, y Michael, en
su desesperación por borrar cualquier rastro genético que le recordase a su maltratador,
decidió cambiar su rostro para dejar de ver a Joe Jackson cada vez que se
miraba al espejo. La ausencia emocional de su madre, que prefería mirar hacia
otro lado mientras el "negocio" prosperaba a base de terror, explica
gran parte del vacío existencial que Michael arrastró hasta su último día.
Uno de los puntos
más potentes del guion es cómo nos revela detalles que muchos desconocíamos. La
película invita a reflexionar sobre la dureza de crecer sin infancia. Su
personalidad se quedó anclada: mientras sus hermanos quedaban con chicas, él
solo pensaba en jugar o pasar tiempo con sus animales (sus únicos amigos
reales). Te encoge el corazón ver la soledad involuntaria de este chico inocente
de barrio marginal incomprendido por todos.
Resulta
fascinante descubrir la faceta espiritual y disciplinada de Michael. La
película muestra cómo utilizaba el método de la manifestación, escribiéndose
frases motivacionales que leía antes de salir al escenario para convencerse de
su propio poder. Sin embargo, seguía siendo ese niño sin arrestos para
enfrentar a su padre por puro miedo.
No es hasta que consigue liberarse de las garras de Joe, con la ayuda de su manager John Branca, cuando logra despegar definitivamente para grabar Thriller. Es en esa etapa donde vemos al Michael más audaz, capaz de reunir a dos bandas enemigas reales para el videoclip de Beat It, logrando que hicieran las paces a través del baile. Un genio que intentaba pacificar el mundo porque nunca tuvo paz en su propia casa.
Esta película
tiene el "sello de la casa". Muchos familiares han participado
activamente, dándole una capa de intimidad única. Es la familia contando su
tragedia, reconociendo las sombras de un patriarcado violento y la soledad de
su miembro más brillante. Llama la atención la ausencia de algunos personajes clave en el largometraje, como algunos hermanos; pues en la vida real fueron 10 hermanos pero en la película solo aparecen 6 - por lo que han comentado en entrevistas, los demás no quisieron participar.
Michael es necesaria porque nos devuelve la humanidad que le robamos. Nos damos cuenta de que todos fuimos cómplices al juzgar a un niño adulto que solo quería jugar. Si vas esperando solo coreografías, las tendrás (y son sublimes), pero saldrás con el corazón pesado al entender que el hombre que hizo bailar al planeta lo hizo porque era el único idioma en el que su padre no le gritaba. Una obra maestra que nos enseña que, para brillar como una estrella, primero tienes que haber sido quemado en el fuego más infernal, y que aunque tengas todo el dinero del mundo te puede faltar la paz mental.









Comentarios
Publicar un comentario