Machos Alfa: El manual de supervivencia para el hombre desorientado moderno

 

Como fiel seguidora de la trayectoria de los hermanos Caballero, estaba claro que no podía faltar en mi blog una mención a esta joya. De los creadores de hitos de la comedia española como Aquí no hay quien viva, La que se avecina, El Pueblo o Muertos S.L., llega Machos Alfa. Esta serie aterriza en el catálogo de Netflix como un soplo de aire fresco: una alegoría colorida, hilarante y profundamente ácida de la masculinidad tóxica en plena deconstrucción.

Si hay algo que Netflix ha sabido explotar con maestría en los últimos años es la incomodidad del hombre blanco heterosexual de mediana edad. Sin dejar de tirar de estereotipos clásicos y algo manidos, este espécimen se ha despertado de repente en un mundo donde ya no le ríen las gracias en la oficina y donde "ayudar en casa" se da por hecho. Se acabó el chollo que tenían los hombres cuando se casaban solo para tener una criada gratis.

La serie nos presenta a cuatro amigos que son, básicamente, el reflejo de la sociedad actual y una muestra de lo que sucede cuando el patriarcado empieza a tambalearse. Y es que, si algo tenemos claro las mujeres, es que los hombres están perdidos estos días. El feminismo nos ha empoderado tanto que, a veces, se siente como cuando te columpias tan fuerte que acabas dándole la vuelta completa al columpio.

Considero que hoy en día los hombres son casi más "femeninos" (en su fragilidad) que las propias mujeres. Nosotras nos hemos acostumbrado a buscarnos la vida, a trabajar, a ser fuertes y a ganar nuestro propio dinero; no estamos dispuestas a conformarnos con cualquier tipo mediocre que no tenga el más mínimo atisbo de caballerosidad en su ADN. Ahora podemos elegir, quejarnos y buscar algo mejor.

En este zoológico de la crisis masculina tenemos a:

·         Pedro (Fernando Gil): El alfa número uno que es desbancado de su puestazo de directivo por una mujer y entra en una espiral de negación digna de estudio clínico. Aka El Serio.

·         Luis (Fele Martínez): El policía local cuyo matrimonio está más muerto que la carrera musical de un concursante de OT. Aka El Calzonazos.

·         Raúl (Raúl Tejón): El infiel patológico que descubre que la "pareja abierta" solo mola cuando el que liga es él. Aka El Gañán.

·         Santi (Gorka Otxoa): El divorciado sensible que intenta torpemente ligar a través de Tinder. Aka El Blandengue.


Lo mejor de la serie no es ver cómo intentan cambiar, sino ver cómo fracasan estrepitosamente en el intento. Los personajes no son villanos de caricatura, son tipos normales y corriente que podrías cruzarte en cualquier terraza de Madrid pidiendo una caña y quejándose de que "ya no se puede decir nada". Ahí reside la genialidad del guion: nos obliga a empatizar con su patetismo e incapacidad para entender a las mujeres con las que tienen relaciones sentimentales un tanto tortuosas.

El eje central de la trama es ese "curso de deconstrucción para hombres" al que acuden por compromiso o desesperación. Ver a estos cuatro ejemplares ibéricos intentando entender conceptos como el consentimiento, los cuidados o la brecha salarial es como ver a un gato intentando programar en Python: frustrante, absurdo y extrañamente hipnótico. Y es que todas tenemos figuras masculinas en nuestras vidas que nos recuerdan a estos personajes: ya sea un hermano, un amigo, nuestro padre, un tío o algún cuñado.

La serie utiliza el humor para soltar verdades como puños. No se corta a la hora de retratar la fragilidad del ego masculino. El momento en que Pedro, despojado de su estatus profesional, intenta convertirse en un influencer de la hombría es oro puro. Es una sátira sangrante sobre cómo la identidad masculina ha estado ligada históricamente al poder y al dinero, y qué queda de ellos cuando les quitan esa fachada.

Aunque la serie busca que nos riamos de todos, tengo que confesar que mi personaje favorito es Pedro. Me parece el más normal de su grupo de amigos y el único que realmente tiene los pies en la tierra. Está profundamente enamorado de su chica (la cual, por cierto, no le hace ni caso), no tiene miedo al compromiso ni a tener hijos con ella, tiene una casa bonita con servicio doméstico y piscina, es un hombre de éxito laboral y no solo piensa en acostarse con mujeres como un descosido. Si tuviera que elegir a uno, sin duda me quedaría con él.

A diferencia de otras comedias donde las mujeres son accesorios, aquí ellas mueven los hilos. Daniela, Lola, Esther y Luz no solo soportan las crisis de sus parejas, sino que tienen sus propias agendas y una paciencia que se agota en el momento justo para que la trama explote.

Fele Martínez (Luis) borda el papel de hombre gris envuelto en la rutina, mientras que Gorka Otxoa (Santi) aporta la ternura necesaria para equilibrar la balanza cuando sus amigos sueltan burradas... aunque Santi también tiene lo suyo, como cuando se une a un club de incels.

Algunos críticos tachan la serie de ser "demasiado blanda", pero yo creo que la acidez de los Caballero es sutil: el ridículo es un castigo mucho más efectivo que el sermón. Machos Alfa no viene a darnos una lección de moral, sino a ponernos un espejo delante con un filtro de Instagram muy poco favorecedor.

Es una serie que se devora en una tarde y te deja con una sensación agridulce: te ríes de ellos, pero luego te preguntas cuántas veces has vivido situaciones similares. Es divertida, cínica y necesaria. Si buscas una comedia inteligente sobre la "rivalidad de sexos", no te la puedes perder.

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