Respira: La Anatomía de Grey española
Seamos
sinceros: las series de médicos y hospitales me dan, por lo general, una tremenda
pereza. Todos sabemos que hay cientos de series del estilo; desde la eterna Anatomía de Grey hasta el
cinismo de House o nuestra
mítica Hospital Central. El
género está tan trillado que "una más" no era, ni de lejos, el mejor
escaparate para hacerme clicar. Sin embargo, como ocurre muchas veces en esas
noches de indecisión frente a la pantalla, no encontré nada mejor en el
catálogo de Netflix y, casi por inercia, le di una oportunidad.
Lo que no esperaba era encontrarme con una obra que, si bien utiliza los
códigos de siempre, los retuerce para hablar de algo mucho más profundo.
Lo primero
que hay que decir es que Respira
no se queda en la superficie de "médico salva a paciente y todos
lloran". La serie explora la brutal dificultad de ser personal sanitario
en un hospital público en España hoy en día. Retrata ese estrés postraumático
latente tras tragedias como la pandemia y cómo el sistema parece diseñado para
triturar a las personas que lo sostienen.
Vemos jornadas interminables donde el café es el único combustible y cómo,
inevitablemente, muchos de ellos se llevan los problemas del trabajo a casa. La
serie es muy honesta al mostrar que, cuando tu vida es el hospital, tu vida
personal termina siendo un campo de ruinas. Los profesionales no solo luchan
contra enfermedades, luchan contra su propio desgaste mental, y esa es una
medicina que no se enseña en la facultad. Cuesta discernir dónde termina la
vida laboral y dónde empieza la vida personal de los personajes.
Como no
podía ser de otra forma en una producción de Carlos Montero (director de Élite),
la serie pone de manifiesto la endogamia y los líos amorosos dentro del
Hospital Joaquín Sorolla de Valencia. Es aquí donde recordé lo que dice una
buena amiga mía: "Tu compañero de trabajo no es que te guste, es que solo
pasas demasiado tiempo a su lado". Al final, el roce hace el cariño por
pura fatiga. Si a ese mismo tío lo vieras en una discoteca un sábado por la
noche, probablemente no le darías ni bola, pero tras doce horas de guardia
compartiendo fluidos y dramas, el estándar de selección baja drásticamente.
Aunque este punto pueda parecer el más "frívolo", es necesario
para aliviar la carga política, aunque a veces el drama de los residentes (con
un Manu Ríos que parece no haber salido del todo de Élite) le quite un poco de peso a la potencia del
mensaje social.
Donde Respira realmente se la juega y
se diferencia de sus predecesoras es en su eje central: la Huelga Total. Esta
es una premisa valiente y profundamente incómoda. ¿Qué pasa cuando los médicos,
cuya vocación es salvar vidas, deciden parar los quirófanos para salvar el
sistema?
La serie nos lanza un despliegue de ritmo frenético que te hace cuestionar
tus propios principios como ciudadano. Es fácil decir que apoyas la sanidad
pública desde el sofá de tu casa, pero... ¿apoyarías a tu cirujano si dejara de
atenderte hoy para protestar por tus derechos de mañana? La contraposición
entre la sanidad privada y la pública no se trata aquí como un panfleto, sino
como una herida abierta. La serie te obliga a mirar a los ojos a un sistema que
se desangra mientras los políticos discuten en despachos de lujo.
Si hay una
razón de peso para darle al play
sin dudarlo, es Najwa Nimri. Interpreta a Patricia Segura, una política de
ideología conservadora con un estilo que te hace odiarla y amarla a partes
iguales. Su presencia es magnética y eleva la serie de un simple "drama de
hospital" a un auténtico "thriller político". Debo destacar que,
aunque ingresada en el hospital con una vía en el brazo, ella no pierde su
buena cara y su maquillaje y pelo de peluquería en ningún momento.
Patricia representa la gestión fría, el cálculo de votos y el orden frente
a la vocación desesperada de los médicos. Sin embargo, el guion le guarda un
giro maestro: es diagnosticada de cáncer y debe ser tratada en el mismo sistema
que ella intenta desmantelar. Es fascinante ver cómo experimenta en sus propias
carnes las carencias de la sanidad pública (las esperas, la falta de personal,
la deshumanización del proceso). Su arco narrativo es el espejo de una realidad
incómoda: todos somos iguales cuando nos ponemos el camisón del hospital.
A pesar de
sus virtudes, si me pongo crítica, debo admitir que a veces la serie peca de
ambiciosa. Quiere tocar demasiados palos al mismo tiempo: privatización,
cáncer, romances prohibidos, ética profesional, corrupción... parece que hayan
metido toda la actualidad de X en una batidora. En ciertos momentos, esa
saturación de tramas hace que el mensaje principal se diluya un poco entre
tanto lío de sábanas.
Mención
especial al cameo de Pablo Alborán en la serie. Bastante bien interpretado. El
cameo que nadie pidió pero que todos necesitábamos.
Sin embargo, hay que reconocerle un mérito indiscutible: "Respira"
no es cobarde. Se moja en temas que suelen dar miedo en prime time y lo
hace con una factura visual impecable. La fotografía es vibrante y el ritmo es
tan adictivo que, aunque empezaras a verla por aburrimiento, acabas
terminándola por pura necesidad de saber quién sobrevivirá al sistema. No es
solo una serie de médicos. Es una serie sobre el colapso, sobre quiénes somos
cuando estamos al límite y sobre la fragilidad de lo que consideramos
"bienestar".



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